Castillo de los Sueños

 Si hay algo que me arrepiento en mi vida es no haber comenzado a practicar deporte en mi niñez .

Tenía la tonta idea de que las personas con discapacidad no podíamos practicar deporte por eso me exoneraron de Educación Física en el colegio.

Pero en mis sueños estaba la imagen que jugaba tenis de campo, corría y golpeaba la pelota con soltura, como lo hacía Laura Arraya y decía "algún día seré campeona nacional como ella".

Fui creciendo y descubrí que la falta del pie izquierdo me impedía cumplir ese sueño por un tiempo.

Ingresé a San Marcos, me titulé como Licenciada de Educación, pero mi vida no estaba completa, me faltaba conocer a personas como yo, diferentes y llenas de vida al jugar.

Fue un 15 de Febrero del 2000 a mis 30 años que descubrí que ese sueño de ser tenista podía ser realidad. Recuerdo que no tenía nada para comenzar sólo esa pasión que pone la mujer cuando desea lograr algo.

Ni el sol ha quemado mi pasión por hacer lo que más me gusta, que es jugar.

Gracias al tenis puedo liberarme de la tensión laboral que vivo como administrativa en San Marcos y conocí a mis compañeras que me enseñaron que "las discapacidades no pueden matar los sueños".

Ahora con la ayuda de mi madre, que jamás me ocultó sino que me enseñó a ser sincera, soy la actual tricampeona nacional de tenis de campo sobre silla de ruedas y la única mujer que se inscribe en la categoría varones B.

Ja, todavía recuerdo la desesperación de algunos chicos al ver que le ganaba al chiclayano y que iba a pasar a la semi final. Le aconsejaban cómo debería jugar para ganar y sobre todo recuerdo la frase "¡¡¡Cómo le vas a permitir que una mujer te gane!!! Y le gané, no llegué a la final, el próximo torneo será tal vez, pero no importa ya.

Lo que importa es que soy feliz porque el deporte me hace sentir más viva, más libre, porque al remar soy libre como el viento y sobre todo nunca me daré por vencida.

Compartiendo nuestras vidas - TESTIMONIOS 2005 (MUSAS)

Mi madre

Ahora, quiero dedicar este pequeño espacio a la persona más importante para mí. Es mi madre, quien como mencioné está  siempre a mi lado, en las buenas y en las malas. Es menudita, pero tiene esa fortaleza que tiene toda madre que protege a sus hijos.

 

A ella le debo muchas cosas, la vida en primer lugar. Su amor incondicional es mi principal alimento espiritual, me fortalece y me hace sentir invencible ante la adversidad.

 

Ella me ha enseñado muchas cosas que han hecho de mí, además de una buena persona, una persona que siempre mira hacia adelante, luchadora, que jamás se rinde.

 

Todo esfuerzo que haga por ella siempre será poco.

 

 

Aquí estamos las dos,

cuando era pequeña.